Exigimos una agenda para el desarrollo post-2015 incluyente de la orientación sexual y la identidad de género

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Las organizaciones sociales y personas aquí suscritas denunciamos que, a pesar del compromiso largo de las Naciones Unidas por la anti-discriminación, los gobiernos participando en el proceso para fijar una agenda para el desarrollo post 2015, hasta ahora han fallado en adquirir compromisos y obligaciones en relación a todos los seres humanos. Lo han hecho al marginar la evidencia y el amplio respaldo regional a los derechos sexuales, el derecho al desarrollo y la necesidad de reconocer la diversidad de familias sexualidades e identidades de género. También han pasado por alto a segmentos de sus propias poblaciones, incluyendo a personas que han sido blancos de discriminación y violencia por su orientación sexual o identidad o expresión de género, real o supuesta.

Estamos profundamente decepcionadas por sus esfuerzos de invisibilizar nuestras experiencias, comunidades y familias. Y nos paramos en solidaridad con las personas pertenecientes a otros grupos sociales marginados o aislados de manera similar.

Nos han dicho que la orientación sexual y la identidad de género son ‘muy controversiales’ y que no tienen nada que ver con el desarrollo. Sabemos que no es verdad; los gobiernos también lo saben, pero se rehusan a reconocer nuestra presencia y la evidencia proveniente de todas las regiones del mundo.

La agenda de desarrollo post 2015 debe establecer nuevas y universalmente aplicables, metas de desarrollo. Para hacerlo de manera creíble, esta agenda debe reconocer el impacto devastador que tiene la marginación de nuestras vidas en todos los espacios. Estudios tras estudios demuestran como los individuos estigmatizados y violentados por su orientación sexual o su identidad de género real o supuesta, enfrentan discriminación, violencia y bullying en escuelas y comunidades obligándonos a salir de espacios de crecimiento. Además, las personas que se asumen como lesbianas, gays, bisexuales o trans*, son expulsadas de sus hogares o les niegan el acceso a empleos; afectando así sus vidas y potencial de ingreso. La discriminación legal y socialmente permitida en contra de nuestras comunidades nos margina, poniéndonos bajo riesgo adicional de violencia, VIH y otros problemas de salud. La discriminación y la estigmatización nos impide buscar y encontrar los cuidados necesarios. A menudo el resultado es sufrimiento y pobreza que podían haber sido evitados.

Estamos indignadas frente a la continua criminalización de nuestras organizaciones las restricciones de nuestras libertades de expresión y asociación y los ataques permanentes a nuestros derechos humanos. Estas violaciones tienen lugar en todas las regiones. Tanto el diálogo como la democracia requieren respeto a la diversidad, no sanciones criminales contra las personas defensoras de derechos humanos, profesionales de la salud y cualquiera que no se adhiere a la moral social prevalente. La criminalización de la orientación sexual y la identidad de género, así como la homofobia y transfobia, no se traducen en un beneficio social permanente para nadie. Por el contrario, tal como el Banco Mundial recientemente reconoció, las políticas de odio tienen costos tanto a nivel económico para toda la sociedad.

Estamos indignadas frente a la hasta ahora falta de reconocimiento de estos asuntos en el debate sobre la agenda para el desarrollo post 2015. Cuando los gobiernos del mundo se reúnen en las Naciones Unidas, tienen la obligación de trascender el odio y construir a partir del conocimiento ya existente. En cambio, hemos atestiguado que muchos gobiernos perpetúan el divisionismo y los mitos, y muchos más permanecen en silencio a causa de presión y acoso político. Es sabido que la orientación sexual y la identidad de género han estado detrás de discusiones en materia de numerosos temas llamados “controversiales.” Estamos cansadas de la intencionada y persistente ignorancia, el respaldo tibio o la abierta sumisión a las presiones geopolíticas que culminan en que el simple reconocimiento de nuestras vidas y comunidades sea imposible.

Estamos consternadas por las excusas políticas e ideológicas exhibidas para justificar la exclusión del lenguaje vinculado a la orientación sexual e identidad de género en los documentos negociados a nivel global. Los gobiernos ya previamente han hecho acuerdos sobre muchos de los temas que se han posicionado como ‘los más controversiales’ en Nueva York, Ginebra, y a nivel regional. La presión para retroceder en el lenguaje que se ha acordado décadas atrás es ingenuo. En 2014, nosotras lo tenemos claro. Los movimientos de justicia social del mundo han avanzado y necesitamos que los gobiernos se pongan a la altura.

Todas las personas tienen derecho al ejercicio de sus derechos humanos sin importar su orientación sexual, identidad o expresión de género; estos derechos no son ni controversiales ni negociables. El desarrollo, la igualdad y el disfrute de los derechos humanos para todas las personas nunca se alcanzarán si un pequeño numero de gobiernos, incluyendo al vaticano, continúan negando que todas las personas son seres humanos, sin importar su orientación sexual o identidad de género.

A pesar de los intentos por invisibilizarnos, nos fortalecemos del reconocimiento de que somos todo menos invisibles. En nuestra actuación ante las Naciones Unidas y en ante nuestros gobiernos locales y nacionales hemos llamado la atención, clara, pública y repetidamente tanto sobre la discriminación y marginación que enfrentamos y su impacto devastador sobre el desarrollo, como de nuestra resistencia global y activismo de cara a la adversidad.

Y no estamos solas. Delegaciones de varias regiones defendieron nuestros derechos y la necesidad de rebasar las violaciones basadas en la orientación sexual y la identidad de género para alcanzar cualquier meta de desarrollo. Nos complace ver el creciente apoyo y respaldo de ciertos estados del sur global. Reconocemos el liderazgo de aquellos que hablaron a nombre de nuestros derechos humanos.

La agenda de desarrollo post 2015 está concebida para centrarse en el Desarrollo Sustentable, un concepto multidimensional que tiene dimensiones ecológicas, económicas y sociales, de las cuales una parte crucial es el respeto por los derechos sexuales y reproductivos, las diversidades sexuales y las identidades de género. No debemos esperar más para ser reconocidas otra vez en las negociaciones de las Naciones Unidas que impactan directamente en nuestras vidas y comunidades. Nos rehusamos a ser invisibilizadas o a reconocer como un avance las políticas de desarrollo que nos ignoran y marginan, o que generan mayores desigualdades y riesgos para nosotras.

Demandamos el análisis y la creación de metas de desarrollo específicas para el reconocimiento significativo e igualitario en educación, trabajo, economía, gobernanza, seguridad social y otras áreas.

El reconocimiento y garantía de los derechos humanos y necesidades de todos los grupos, sin importar la orientación sexual, identidad o expresión de género es un paso crucial hacia el desarrollo sustentable de todas las naciones, es tiempo que los gobiernos reconozcan que lo que sabemos es verdad.